Audrey Hepburn, la princesa de Hollywood.
"Para tener ojos hermosos, busca lo bueno en los demás; para tener labios hermosos, habla solo con palabras amables; y para tener aplomo, camina sabiendo que nunca estás sola." - Audrey Hepburn
Cuando pienso en elegancia, sofisticación, bondad y dulzura en Hollywood, solo me viene a la mente una actriz: la única e inigualable Audrey Hepburn. La estrella que desafió los estereotipos de la industria cinematográfica, no solo con una nueva estética, sino con una personalidad nunca antes vista en ese círculo exclusivo. Nadie puede difamarla de ninguna manera; simplemente iluminó la vida de quienes la rodeaban, alejándose del típico estereotipo de las estrellas de cine chismosas, maliciosas o egocéntricas. Era ideal para compartir el rodaje; su humor e inocencia la convirtieron en algo precioso que se podía apreciar al otro lado de la pantalla. Poseía un carisma y una versatilidad que la convirtieron en la actriz más taquillera de su generación. El público la amó y la sigue amando, inmortal en el corazón de todos aquellos que tienen la suerte de verla, ya sea en una película o simplemente en una imagen de su dulce sonrisa.
Audrey Kathleen Ruston, más conocida como Audrey Hepburn, fue actriz, modelo, bailarina y humanitaria, reconocida por todas sus facetas. Desde muy joven se interesó por la danza y el piano, comenzando a los 10 años en el conservatorio de Arnhem, en los Países Bajos. Su infancia estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial, un contexto que la definiría de por vida debido a la pérdida de seres queridos, problemas de salud como anemia y dificultades respiratorias, además de toda la violencia que presenció. En 1991 habló sobre la conexión que sentía con Ana Frank, ya que ambas tenían la misma edad y estaban pasando por lo mismo: «Fue una lectura que me destrozó. No he vuelto a ser la misma, me afectó profundamente». Tras la guerra, en 1948 se trasladó a Londres para estudiar ballet; su sueño era ser bailarina, algo muy difícil debido a su estatura y a las consecuencias de la desnutrición sufrida durante la guerra. Le recomendaron que se dedicara a la actuación, un consejo muy acertado.
En 1954 protagonizó Sabrina, del gran director Billy Wilder, una comedia dramática basada en Sabrina Fair de Samuel A. Taylor. Audrey interpreta a Sabrina, la hija del chófer de una familia adinerada que está enamorada de David, un hombre de muy mala reputación que debe casarse con su prometida, pero queda deslumbrado por la joven, por lo que su hermano debe impedirlo ideando un plan para enamorarse él mismo de ella. Otro éxito de la actriz que le valió numerosas nominaciones y buenas críticas del público y de la industria. El vestuario de esta película es simplemente magnífico; muestra la elegancia y madurez con la que Sabrina regresa de París, con colores neutros, siluetas que refinan y, obviamente, todos pensamos en el vestido blanco con detalles que ha enamorado a generaciones, un vestido con una presencia increíble, que Audrey luce es de otro mundo.
Su obra más importante, que sigue vigente, es sin duda la famosa "Desayuno con diamantes" de 1961, considerada "cultural, histórica y estéticamente significativa" por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. En esta película, da vida a Holly, una joven extravagante y extrovertida, aspirante a actriz, que conoce a su nuevo vecino, Paul, un escritor que lleva cuatro años sin escribir y vive de los ingresos de su esposa. Él termina enamorándose de ella, aunque sus sentimientos no son correspondidos. Audrey Hepburn volvió a brillar con su interpretación, demostrando ser la indicada para el personaje, ya que originalmente estaba pensado para Marilyn Monroe, pero ella lo rechazó cansada de interpretar siempre los mismos papeles. Holly es un personaje inolvidable tanto en el cine como en la moda, con un vestuario diseñado por su mano derecha, Givenchy, desde el hermoso, sofisticado e icónico vestido negro complementado con un collar de perlas y un gran sombrero, hasta el precioso vestido fucsia con capa, cada prenda que Audrey creó se convirtió en una gran inspiración para todos los que vieron la película.
Posteriormente trabajó en otras películas como "My Fair Lady", "Charade" y "The Children's Hour", entre otros títulos. Su último papel fue en 1989 y, a partir de entonces, se dedicó a brindar ayuda humanitaria y a colaborar con UNICEF. En los últimos años de su vida luchó por los derechos de millones de niños, visitando zonas afectadas por conflictos como Etiopía, Somalia y Bangladesh. Contribuyó a recaudar millones de dólares para UNICEF e inspiró a muchas personas a seguir su ejemplo y ayudar a quienes más lo necesitaban. Audrey se centró especialmente en ayudar a niños con problemas de desnutrición y a víctimas de conflictos bélicos, lo que reflejaba todo lo que ella misma sufrió de niña.
Su bondad y empatía la caracterizaron, convirtiéndola en la estrella inmortal que es. Amada y recordada, Audrey es el ejemplo de la dualidad entre una vida glamorosa bajo los focos de las cámaras de Hollywood, rodeada de lujos y brillo, y la humildad y bondad que la definieron, algo que la hizo destacar, sobresaliendo por encima del glamour de ese círculo. Para mí, Audrey no era solo una actriz de Hollywood o una mujer humanitaria, era una chica que intentaba sobrevivir en un mundo cruel, tratando de dar lo mejor de sí misma tanto al público como a todas las personas que la rodeaban y la conocían. Creo que en la época en que vivimos hay muy pocas figuras que dan sin esperar nada a cambio, como Lady Di, personas que siempre permanecerán en el corazón de todos. Audrey fue y siempre será la personificación de la elegancia, el glamour y la sencillez, una dualidad que rara vez se ve.
.png)







.png)

Comentarios
Publicar un comentario